Agosto 22, 2008
Pocas veces salí tan airosa y reconfortada de una situación… Si se dice que la necesidad es la madre de todos los inventos, están en lo cierto.
En épocas en las que como estudiante me las rebuscaba como podía para mantener mis actividades aún con bajo presupuesto, me atreví a visitar a unos amigos en City Bell, para aquel que no sabe, entre la ciudad de La Plata y City Bell hay aproximadamente unos 8Km de distancia, pero eso no nos interesa por el momento…
Luego de la visita pertinente, conté con que mi padre vivía a escasas cuadras para comenzar a planificar mi retorno a la ciudad de las diagonales; claro, salir a la calle sin plan B puede costar muy caro sobre todo si uno se encuentra a más de 10Km de distancia…y sin dinero.
…era obvio que si yo estaba necesitando la presencia paterna, y era tan de vida o muerte la situación…él no iba a estar en casa…NECESITO UN PLAN B!!!
Decidida a matar o caminar dos días seguidos esquivando qué se yo que cantidad de alimañas, me encaminé hacia la parada del bondi. Y esperé. El artefacto no se hizo esperar: tracé un brazo en ángulo recto a mi figura, él frenó, yo subí.
Con los $0.35 que tenía en mi haber, esbocé un “uno de $0.90″…, mi estrategia tenía que ver con: que mi interlocutor me viera tan decidida a viajar como víctima de una falla tecnológica.
Ingresé el falso monto en la maquinita y le dije: “pero…ME TRAGÓ LAS MONEDAS!”
Colectivero: …a ver
Colectivero: No. Te falta poner monedas…
Yo: Cómo monedas?? Ya las puse!!
Colectivero (ya más caliente): No nena. Pusiste 3 de $0.05 y 2 de $0.10
Yo: (#&#*&%^%&#@)
Yo: Pero me estás cargando??? Esta máquina &$% me tragó la monedas!!!
Colectivero: Mirá, sabés qué? Bajate…BAJATE!
A pata de nuevo. Venía otro. Improvisé nuevamente. Lo bueno, es que el temita de las monedas me había acercado bastante al objetivo. Pero seguia a varios Km de distancia.
Esta vez, sin involucrar al dinero, me hice la perdida. Consultar cualquier estupidez y mostrar preocupación cautiva a más de uno. Inventé un pariente en el Hospital de Nomeacuerdo y conseguí subir. Me dijo: “Quedate tranquila. Yo te puedo acercar hasta…” No tengo idea del resto. Ese “hasta” me venía al pelo.
La carita de “moscamuerta” que a veces me devuelve el espejo, desde ese día tuvo otro color…Lo que uno es capaz de hacer cuando no queda otra opción! Ojo, plan B para todo hay que tener…
Agosto 12, 2008
En marzo de este año cumplí treinta otoños, suena feo, pero si las quinceañeras cumplen en “primaveras”, yo, dentro de la escasa madurez que me caracteriza, elijo cumplir otoños…y qué?
Recuerdo que un año (y dos o tres también) antes de esa fecha, perdía algo de la chispa cumpleañera haciendome problema por estar llegando a los treinta; podría decirse que desde los veintiseis uno va desarrollando una coraza anti-age que tarde o temprano termina cayendose.
Unos meses antes de la fecha fatal, empecé a tener un hábito bastante repugnante: siendo que en mis círculos de amigos raramente hay gente más grande que yo, recreaba la situación de tener treinta y desentonando olímpicamente con quienes me rodeaban; me imaginaba cómo me verían ellos, y escuchaba las voces de sus conciencias diciendo: “Es muy grande, qué hace acá”. De hecho cuando cumplí veinte, los de treinta eran para mí gente resuelta y seria, señores y señoras que ya no pensaban boludeces, trabajaban en empresas, tenían hijos y se acostaban a las once de la noche… Cuánta imaginación mamma mía!!
Lo peor es que al ser mujer, el número te pega más. En mi cabeza se instala el prejuicio machista de que la de treinta es una vieja chota, que si no tiene novio es mal llevada o espantadora de hombres, que si lo tiene en un mes y medio va a estar embarazada y que el hombre de treinta, compró un bono de “Vale por 5 años más de boludeo despreocupado”…INJUSTICIA!
El secreto de la superación quizás sea tunnear el día para atravesarlo de la mejor manera, con mucha actividad, mucho plan, mucho capricho concedido para no dejar que las neuronas trabajen!
Oh tú! Joven-veinteañero-por-poco-tiempo-más, que decides festejar a lo grande, he aquí algunos sabios consejos de alguien que ya vivió la experiencia: No organices fiestas un fin de semana muuuy largo, (puedo escribir una enciclopedia acerca de cómo-la-Semana-Santa-y-el-feriado-del-día-después-me-cagaron-la-fiesta-de-30: Unos de viaje, otros con sueño, el resto con resaca, cuestión que a esa fiesta fueron los más importantes, pero qué bajón!!!), comé y bebé SIN moderación, no hagas uso del espejo ni anotes quién te llamó (conozco gente que lo hace :P) y perdé parcialmente el control: no olvides que al otro día la vida contiúa…
La experiencia dicta que los treinta no son tan duros como los veintinueve (las de cuarenta dirán lo mismo, jejeje), a los treinta no importa más nada; el cambio del dos por el tres ha sido superado, y ahora vuelve a ser todo como a los 20’s; veinte o veintiuno es lo mismo que treinta o treinta y uno, tus compañeros de treintis llegan a tener hasta treinta y nueve, o sea que venís a ser el pendejo de la década, no necesariamente tenés arrugas y canas y además haciendo balance, te das un puntito más que algunas orgullosísimas veintis.
A no preocupar! La vida continúa!